Ner Sibu, es uno de los grandes Nele (vidente) que tuvo el
pueblo Guna. Viajó a través de los sueños en búsqueda del sentido de la vida y
la muerte.
Vivió en los afluentes del rio duilewala (Tuira), en Gabdi.
En una reunión comunitaria ante hombres y mujeres en (Onmaged Nega), conto así
su sueño:
“En sueños cuatro
hombres de rostros resplandecientes, fueron enviados para llevarme hasta el
cuarto nivel de la tierra. Tenemos cuatro espíritus, y vamos dejando cada uno
en cada nivel.
El primer nivel es el
más bajo y se inicia en el cementerio, donde están los huesos, la sangre, y los
pelos. En este primer nivel, viven la comunidad de hombres y mujeres. Son
personas que no vivieron de acuerdo a la solidaridad y la comunidad. Los
asesinos y los suicidas.
Después me llevaron al
segundo nivel. Era la comunidad de distintas comunidades de espíritus. No solo
de los Guna. Es una comunidad mixta. Son seres mediocres y su actitud fue oscura.
Posteriormente pase al
tercer nivel. Allí quedan el espíritu de los hombres y las mujeres. Allí viven
las personas que hicieron bien las
cosas.
Finalmente llegue al
cuarto nivel. Ya nuestro espíritu llega cansado, agotado y sin fuerzas. En este
nivel el espíritu toma fuerzas y vigor.
Allí están las
comunidades de músicos y danzarines; también de tejedores de hamacas y molas; esta
la comunidad de sailamala (dirigentes) y la comunidad de arboles, plantas,
arbustos.
Finalmente, llegue a la
escalera de ocho niveles. A medida que subes la escala vas viendo tu creación,
infancia, adolescencia, adultez, vejez y la muerte. Y al llegar a la octava
escala está Paba y Nana(divinidad masculina y femenina) esperándote. Todo es
visto con ojos nuevos no con tus ojos humanos. Allí llegan las personas que
vivieron la excelencia”. Hasta aquí la narración.
La percepción del mundo desde la comunidad Guna
nos muestra una manera peculiar del movimiento del ciclo vital en cuatro fases:
Primeramente se da el espacio del hecho de la creación, nacimiento, crecimiento
y finalmente la muerte.
En la cosmovisión Guna, la muerte es considerada
como parte de la vida. Es decir, la muerte no constituye una tragedia en la
vida, más bien, la muerte es como una conclusión, cumplimiento y culminación de
una etapa de la vida. Es una llegada a un momento de la permanencia en la
existencia de los seres. La muerte para el Guna, nunca es el final o la
terminación del ser; es continuidad, camino hacia la unidad Madre Tierra,
Cosmos y el humano.
Por eso, el doliente le deja al muerto suficiente
comida, ya que será una gran viaje. La forma tradicional de preparar el cuerpo
para su viaje, consiste en proveerle de todo lo que un ser humano necesita para
una larga travesía. Se cree que el espíritu del difunto caminará mucha
distancia, donde puede que pase hambre, tenga sed, o pase frío. Quién sabe, tal
vez se encuentre muy solitario, o a lo mejor, esté también acompañado de muchos
otros. Es importante que se lleve todo lo necesario para subsistir en el viaje
y compartir con los que le acompañan. El difunto debe proveerse de suficientes
alimentos, ropa, herramientas,
utensilios. Todas estas cosas se colocan cuidadosamente en el cementerio del
finado, especialmente aquellas cosas que él acostumbraba utilizar durante su
vida cotidiana. Sus gustos y preferencias deben ser tomados muy en cuenta.
Desde la cosmovisión Guna, los espíritus de los
difuntos vuelven para compartir con su comunidad. Esta convivencia da sentido
de unidad y restauración de la armonía cósmica, y está presente en la memoria
de los vivos. Es el inicio de una vida nueva y era.